miércoles, diciembre 21, 2005

Carcelero de mí -©Nicolás Mateo-




CARCELERO DE MI©

Me mira el espejo
Y mi propia imagen entra por mis ojos
Me veo por dentro
Vaticino una tormenta en mi memoria
Las cavidades de mis ojos se ensanchan
El hilo de una pesadilla duerme en mi membrana
Rebusco mi esencia, me toco
Un alfiler se imanta en la retina
Miro a otro que cavila en mis adentros
Se espantan mis ojos de mirarse
Procuro desentrañar el misterio de mis sueños
Me vuelvo a descubrir en el candil
Que se hace lluvia de tanto mirarse
Otra es la fortuna y la desidia
Me espanto de saberme dentro
Y un estornudo estremece todo
En la oscuridad no encuentro la salida
Se rompe el espejo
Me convierto en carcelero de mi

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©Nicolás Mateo, poeta dominicano, ingeniero electricista y comunicador social, director de teatro.


Autorretrato -©Fabiola de la Paz-





Autoretrato

Si en este espacio me esforzara por autoretratarme,

con mi renovado afán de autodescubrirme --no para revelarme a tí--

sino para adentrarme en lo que se mueve hoy en mi casa...

tendría que hablar

DEL DESORDEN

para así poder exponer la armónica dinámica de tanto,

tanto que hay,

tanto que llevo,

tanto que guardo...

Platicar entonces de cómo se confunden los pasados en el hoy

y de cómo, justamente estoy dada a la tarea de

escombrar,

archivar,

tirar y

deshacerme de lo que no hace ya sentido, para finalmente

poner puertas donde no las hay.

Retratos tengo miles donde mis ojos,

mis lentes captan,

guardan, imprimen,

toman y retoman

todos los sucesos que me hicieron quien hoy soy.

Por eso no preciso de albumes,

ni marcos, ni portaretratos,

cuando tanto está aquí....

en el desorden...

.....aquí, en este fluído desorden,

que sin evocarlo se presenta aun cuando ya no es presente...

Aquí se me aparecen

todos los tiempos

gastados,

amados,

pasados,

no están ausentes en esta casa donde impera

el NO TIEMPO,

en donde

felicidad son recuerdos

recuerdos son imágenes

imágenes P E N S A M I E N T O S y

éstos QUE NO SE CALLAN,

que no cesan,

que no se supéditan a las reglas de la casa.

Vienen de día, regresan de noche, vuelven en la tarde...

¡No tienen horario estos hijos de su madre!

Desconocen su lugar

porque no se los he dado,

entonces TODO ESTA AQUI

próximo

cercano

inmediato

todo esta aqui,

CONMIGO,

en mi,

en mi casa,

sin puerta

EN EL NO TIEMPO

todo está aquí

aún cuando no lo quiero sigue aquí

PERMANECE

en veces callado,

luego ruidoso,

explosivo,

adormilado,

parlanchín

platicando de otros días,

de lo que soy,

de lo que siento y

de tanto, tanto

que aun sin querer llevo muy dentro.

Y no se detiene, ¡ incontenible para quedarse silencio !

En fin, me tiene al tanto y yo lo licencio.

Mi casa por fuera es sencilla,

hecha de barro marcado con mis huellas de cuentos,

hecha de piezas de rompecabezas

entretejidos con inventos en puro derecho,

no hay camino que lleve a mi casa,

no se necesita,

está tan luego luego, que,

entonces me veo,

y ahi estoy,

digo ¡aquí estoy!

atareada asignando

hoy por gusto y obligación

un lugar para cada cosa

y sudando

por poner cada cosa en su lugar.

Entiendo que si este cotidiano quehacer --para mí ajeno-- me sale bien, pues entonces para cuando termine seguro le saco una foto, quiero tener evidencia, quiero que conste que...

...aquí, al menos una vez, estuvo todo en orden.

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©Fabiola de la Paz, poeta mexicana, de agudo ingenio, reconoce como su aliado salvador, al sentido del humor.

Web Site: no-soy-hada.blogspot.com/

No soy hada. A Palabra Mientos pa´Labradores ApalabraDos

Copyright © Fabiola de la Paz Trejo, 2005

El gusto -©Alfredo Cedeño-













El gusto©

Tu boca, delirio de fárrago ineludible
donde las catedrales medievales vacilan
y se convierten en una ermita desarrapada
que me acuchilla la virilidad
que derrota mis derrotas
que agota mi agotamiento
que seduce mi menguada seducción
que enloquece mi locura
que reduce mi querer ya reducido
que asombra los vestigios de mi asombro
que enceguece mi cariño cegato
y me va ensanchando las estrechas baladas de dolores apoltronados
me ahoga los sofocos de la angustia
me desanuda los nudos de la piedad marchita
me desarma las máscaras para la defensa emocional
me quita las esencias de los soles de viejos amores
me arremolina quejas entre las escaleras de un teatro desocupado
me allana las certezas imprecisas de los besos robados
y se ocupa de ejecutar tu sentencia de vaivenes.
Tu boca, esa de labios que nunca reclutarán Max Factor
para enloquecer Times Square o las vallas descomunales
que saquean los ojos del viajero en el Metro de Londres,
pero donde te encuentro hecha un basilisco de ganas percutadas
donde encuentro el cero absoluto a través de los parciales
que van vinculando al mar con las gaviotas en las jarras
de un cristal que no conoce punto de quiebre
ni ha sabido encontrar la leve caricia de una tarde melancólica
donde me secuestra tu constancia vociferante
y descubro túneles con espejuelos amarillos bamboleándose
como un saludo de borracho profanando un bar de monjas
tal vez con la impertinencia de un pájaro que se caga
con la más desparpajada de las inocencias sin bochorno
pero con la impertinencia que se celebra
al derramarse una noche sobre las cópulas
en una cabalgata sin contorsiones ni aspavientos
para descifrar los aullidos de una tormenta boreal
que se desbarranca con dolorosa ambigüedad en tu lengua.
Tu boca, la de dientes preñados de quejas y caricias
que se ceban en mi bálano a confiscarme el pudor
del que alguna vez pude presumir y supe disfrutar
se encrespa abotargada con la inmaculada arrogancia
de un ronroneo encriptado que mendiga una procesión
donde el único santo venerado es el arrojo ignorante
de las larvas anónimas que acogotan los cadáveres afectivos
de los amores incapaces de enseñar los delirios espesos
de las carrozas dominicales donde sacan a pasear esperanzas
los mendigos de una poesía sin patrias ni banderas
con una caverna llena de vacíos de muñecas apestosas
para despedir melodías de un violín que nunca acompañó cenas
o supo dar un agudo vibrante que limpiara de señales y rasguños
donde otras manos anduvieron recapacitando y ofreciendo reinos
que solo tus labios, dientes y lengua han encontrado raídos
para reivindicar y encrespar mis pecios de náufrago empedernido
sin costas donde recalar hasta llegar a tus ganas de coño y boca.
Tu boca, la de lengua insolente y delirante en su reptar bajo la mía
hasta marchitar cualquier evocación por diestra que haya sido
va escarbando sin compasión mi espalda con redoble de tambores de conga
donde la teoría y el solfeo se me van desde la espalda a la cadera derecha
creando una sirena de candor impúdico que me secuestra el daño de otras bocas
sembrando barracones de pasos burlones donde una batahola de versos
predican oraciones poco piadosas y un cornetín deja rodar cantos
que pavimentan las calzadas de chozas lindas en que las voces de mudéjares
se lanzan a contarme en chismes que tu llanto de caramelo es un paso
en el cual los navíos se retratan con musitar de viejos pregones
machacando un piano sin solfas emasculatorias
para que tu boca relumbre deslumbrándome la paz.
Tu boca, la de timbre enamorado pese a las reservas dice La Habana,
recuerda Bulgaria, escribe en Barcelona, llama desde Ginebra o Lima
y me emociona desde Mucuchíes o en Puerto Ordaz al filo de madrugadas
vigiladas pero inertes como policías incompetentes
cuidando a ministros de un atentado que nunca llega en una jungla
donde burlarse de alambradas que tu vas desarmando es un juego
para dormirnos imprudentes con la feliz consistencia que sólo dan los orgasmos
y una voz de viejo cantante de boleros que narra su amargura
donde nos asombramos ante la voz cubierta de lágrimas
que alguna vez lloramos y vemos ahora blindados por este espejismo
de tantas certezas donde tu boca, siempre tu boca, me arrochela sin titubeos

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©Alfredo Cedeño, venezolano, fotógrafo, reportero gráfico, asesor comunicacional.